Virtuality Bytes – Intersting links of the week 2 January, 2016

Virtuality Bytes – Interesting links

  • Why Some of the Worst Attacks on Social Science Have Come From Liberals
    I first read Galileo’s Middle Finger: Heretics, Activists, and the Search for Justice in Science when I was home for Thanksgiving, and I often left it lying around the house when I was doing other stuff. At one point, my dad picked it up off a table and started reading the back-jacket copy. “That’s an amazing book so far,” I said. “It’s about the politicization of science.” “Oh,” my dad responded. “You mean like Republicans and climate change?”That exchange perfectly sums up why anyone who is interested in how tricky a construct “truth” has become in 2015 should read Alice Dreger’s book. No, it isn’t about climate change, but my dad could be excused for thinking any book about the politicization of science must be about conservatives. Many liberals, after all, have convinced themselves that it’s conservatives who attack science in the name of politics, while they would never do such a thing. Galileo’s Middle Finger corrects this misperception in a rather jarring fashion, and that’s why it’s one of the most important social-science books of 2015.At its core, Galileo’s Middle Finger is about what happens when science and dogma collide — specifically, what happens when science makes a claim that doesn’t fit into an activist community’s accepted worldview. And many of Dreger’s most interesting, explosive examples of this phenomenon involve liberals, not conservatives, fighting tooth and nail against open scientific inquiry.When Dreger criticizes liberal politicization of science, she isn’t doing so from the seat of a trolling conservative. Well before she dove into some of the biggest controversies in science and activism, she earned her progressive bona fides. A historian of science by training, she spent about a decade early in her career advocating on behalf of intersex people — those born with neither “traditional” male nor female genitalia. For a long time, established medical practice was for the doctor or doctors present at childbirth to make the call one way or another and effectively carve a newborn’s genitals into the “proper” configuration, and in some cases to eventually prescribe courses of potentially harmful or unnecessary hormones. Sometimes the child in question was never even informed that they hadn’t been born a boy or a girl in the classical sense — indeed, sometimes even their parents weren’t. To the medical Establishment, all that mattered — even above patients’ physical and psychological health — was that young bodies fit neatly into one established gender category or the other.Working together with a group of intersex activists, Dreger lobbied and educated tirelessly, eventually nudging the medical Establishment away from this protocol and toward a new, more humane norm in cases of genital malformation that don’t pose any health risk: Leave the kid’s genitals alone, allow them to grow up a little, and see what they and their family want to do later on. There doesn’t need to be a rush to assign gender and take aggressive medical action to enforce it.
  • El final feliz de la Nochevieja más terrible de un niño de tres años

    El pequeño Jordi, el niño de tres años desaparecido en la Nochevieja en Camós (Girona), ha sido encontrado sano y salvo después de pasar 20 horas al raso, solo. El menor estaba a 1,5 kilómetros de distancia de Can Serrallonga, la casa rural donde su familia pasaba el fin de año.

    Más de 500 personas participaban en la búsqueda de Jordi. Pero fueron un hombre y su hijo que paseaban por la zona quienes encontraron al pequeño. Inmediatamente se han puesto en contacto con los Bomberos de la Generalitat para notificar su localización en una zona boscosa.Según ha informado el consejero de Interior catalán, Jordi Jané, el niño se encuentra “bien de salud”, aunque tenía un poco de frío. Las temperaturas durante la noche han sido inferiores a los diez grados. Los bomberos, después de hidratarle con unos zumos y protegerlo con una manta térmica, han trasladado al menor al lugar donde se encontraban sus padres, que lo han identificado. Jané, en declaraciones a los periodistas, ha mostrado su satisfacción por el “final feliz” de esta historia y ha destacado que Jordi es un “niño fuerte”.

    Jordi se desorientó

    La pesadilla comenzó en la tarde del jueves, cuando el menor se desorientó y acabó andando más de un kilómetro en dirección contraria a la casa rural. La familia de Jordi, originaria de Sant Feliu de Guíxols (Girona), había llegado hacia las cinco de la tarde a esa casa rural de Can Serrallonga con unos amigos para celebrar la última noche del año. Los padres echaron de menos al niño mientras descargaban el coche.

    Al alertar de su desaparición, se organizó un dispositivo, comandado por los Bomberos de la Generalitat, en el que han trabajado 23 dotaciones terrestres y un helicóptero, a la vez que se han formado una quincena de equipos de entre diez y quince personas cada uno de ellos, coordinados por un bombero.

    Una balsa de agua hizo temer un ahogamiento

    Los equipos se han repartido alrededor de la finca, ubicada en las afueras del pequeño pueblo de Camós, peinándose toda la vegetación. Los submarinistas de los Bomberos también se han sumergido en una balsa de unos 1.600 metros cuadrados de superficie próxima a la casa rural, donde no se encontró ningún rastro del menor.

    Los implicados en el operativo, entre los que también había Mossos d’Esquadra, han buscado en el interior de todas las construcciones de que consta el recinto rural y se han extendido por las pistas forestales que rodean la casa. Por otra parte, han participado en las tareas de búsqueda miembros de la unidad de montaña del Grupo de Actuaciones Especiales, equipos de perros de la unidad de Girona del Grupo Canino de Búsqueda, voluntarios de Protección civil de Banyoles y vecinos y familiares del niño.

  • No ha votado España

    Puede parecer un puntillismo, pero creo que esta es la reflexión necesaria para adoptar una conducta democráticamente productiva ante el complicado futuro que nos espera: ni España, ni la sociedad, ni el pueblo, ni ningún otro ente colectivo ha votado o ha hablado el pasado día 20. Por mucho que sea la metáfora favorita de los comunicadores de opinión, tal idea es una falacia. Quienes han hablado han sido los ciudadanos individuales. Unos cuantos millones de personas.

    ¿Y no es lo mismo? Pues no, es sustancialmente diverso en sus consecuencias simbólicas. Y la política es una práctica altamente simbólica. Decir que ha hablado el pueblo, o la sociedad, o el país, además de introducir a entes metafísicos, permite atribuirles un mensaje colectivo único. Por ejemplo, que la sociedad quiere el cambio, quiere la nueva política, quiere la revolución, o quiere la tranquilidad. Y, sobre todo, permite al intérprete de turno señorear el mensaje y convertirse en el intérprete privilegiado de esa voz que ha oído. España ha hablado y exige una regeneración profunda, un cambio radical, una nueva Constitución, lo que sea.

    Por el contrario, si atendemos a la realidad y olvidamos la metafísica, tendremos que decir algo tan prosaico como que… los ciudadanos han hablado y dicho algo que es profundamente diverso y divergente: un porcentaje quiere que le represente un partido, otra parte otro, y así sucesivamente. No han dicho colectivamente nada porque no son un ser colectivo, sino una pluralidad de individuos. Y la pluralidad es forzosamente dispersa, diversa y antagónica entre sí. Eso es la democracia real, construir algo con una opinión cacofónica, porque el pueblo o la sociedad no existen como entes o lugares políticamente reales, son solo la imagen de un lugar vacío, como Claude Lefort explicaba.

    Aceptar esta humilde verdad, la de que nadie puede presumir de haber oído voces del más allá o del más acá, pone a los representantes de los ciudadanos en su verdadero lugar. Que es el de representar a una parte de la sociedad, pero aceptando que nunca podrán representar a toda la sociedad y, por tanto, en ningún momento podrán pretender legitimarse en la voluntad del pueblo con exclusividad. El pueblo no existe, existen los ciudadanos.

    La política española fue durante mucho tiempo el territorio de la exclusión, como el profesor Varela Ortega ha historiado. Y la principal arma para excluir de la escena pública a una parte de la sociedad fue, precisamente, la invocación del todo social (metafísico, ideológico u orgánico) y sus mensajes radicales. Nosotros —se ha dicho una y otra vez— representamos a la España eterna, o al país verdadero, o a la República, o a la nueva política, o a la sociedad sana. Y, por tanto, no hay lugar para ustedes en política, salvo el del sometimiento o la conversión.

    La transición de 1978 no fue sino el decidido abandono por la política del arma de la exclusión, nada más y nada menos

    La Transición de 1978 no fue sino el decidido abandono por la política del arma de la exclusión, nada más y nada menos. Un abandono que, visto lo visto en los dos últimos decenios, amenaza con haber sido solo transitorio, puesto que con la llegada del siglo resucitaron los intentos de excluir del campo político a la derecha, aunque ello no se verificase a golpes como en el pasado hizo parte de esta con la izquierda, sino usando del anatema moral. Pero la democracia, para funcionar como sistema de sucesión gubernamental, debe ser razonablemente amoral.

    Por ello sería especialmente importante que, en el nuevo escenario político que la pluralidad de la sociedad ha provocado, ninguno de los actores caiga en la tentación de asignarse la representación de la sociedad completa alegando que solo ellos han oído el mensaje o que solo ellos representan a la parte sana de España, o que ven y sienten en exclusiva el futuro, y que por eso son los que saben también en exclusiva lo que todos necesitamos. Y que lo saben con intransigencia. Que acepten algo tan prosaico y decepcionante como representar números. Que son, oh maravilla, más combinables que los mensajes de ultratumba. La paradoja de la democracia en el acto del sufragio es que, precisamente cuando la soberanía popular se manifiesta, el ciudadano es extraído de todas sus determinaciones sociales para ser convertido en una unidad contable. Mis electores son tantos, los tuyos cuantos, ninguno vale moralmente más que otro, sus opiniones son distintas, no existe un vórtice desde el que predicar altanero que se ha divisado el nuevo mundo. Saber manejar la decepción, eso es lo que precisamos. Y pedimos.

    José María Ruiz Soroa es abogado.

  • El final feliz de la Nochevieja más terrible de un niño de tres años

    El pequeño Jordi, el niño de tres años desaparecido en la Nochevieja en Camós (Girona), ha sido encontrado sano y salvo después de pasar 20 horas al raso, solo. El menor estaba a 1,5 kilómetros de distancia de Can Serrallonga, la casa rural donde su familia pasaba el fin de año.

    Más de 500 personas participaban en la búsqueda de Jordi. Pero fueron un hombre y su hijo que paseaban por la zona quienes encontraron al pequeño. Inmediatamente se han puesto en contacto con los Bomberos de la Generalitat para notificar su localización en una zona boscosa.Según ha informado el consejero de Interior catalán, Jordi Jané, el niño se encuentra “bien de salud”, aunque tenía un poco de frío. Las temperaturas durante la noche han sido inferiores a los diez grados. Los bomberos, después de hidratarle con unos zumos y protegerlo con una manta térmica, han trasladado al menor al lugar donde se encontraban sus padres, que lo han identificado. Jané, en declaraciones a los periodistas, ha mostrado su satisfacción por el “final feliz” de esta historia y ha destacado que Jordi es un “niño fuerte”.

    Jordi se desorientó

    La pesadilla comenzó en la tarde del jueves, cuando el menor se desorientó y acabó andando más de un kilómetro en dirección contraria a la casa rural. La familia de Jordi, originaria de Sant Feliu de Guíxols (Girona), había llegado hacia las cinco de la tarde a esa casa rural de Can Serrallonga con unos amigos para celebrar la última noche del año. Los padres echaron de menos al niño mientras descargaban el coche.

    Al alertar de su desaparición, se organizó un dispositivo, comandado por los Bomberos de la Generalitat, en el que han trabajado 23 dotaciones terrestres y un helicóptero, a la vez que se han formado una quincena de equipos de entre diez y quince personas cada uno de ellos, coordinados por un bombero.

    Una balsa de agua hizo temer un ahogamiento

    Los equipos se han repartido alrededor de la finca, ubicada en las afueras del pequeño pueblo de Camós, peinándose toda la vegetación. Los submarinistas de los Bomberos también se han sumergido en una balsa de unos 1.600 metros cuadrados de superficie próxima a la casa rural, donde no se encontró ningún rastro del menor.

    Los implicados en el operativo, entre los que también había Mossos d’Esquadra, han buscado en el interior de todas las construcciones de que consta el recinto rural y se han extendido por las pistas forestales que rodean la casa. Por otra parte, han participado en las tareas de búsqueda miembros de la unidad de montaña del Grupo de Actuaciones Especiales, equipos de perros de la unidad de Girona del Grupo Canino de Búsqueda, voluntarios de Protección civil de Banyoles y vecinos y familiares del niño.

  • El final feliz de la Nochevieja más terrible de un niño de tres años

    El pequeño Jordi, el niño de tres años desaparecido en la Nochevieja en Camós (Girona), ha sido encontrado sano y salvo después de pasar 20 horas al raso, solo. El menor estaba a 1,5 kilómetros de distancia de Can Serrallonga, la casa rural donde su familia pasaba el fin de año.

    Más de 500 personas participaban en la búsqueda de Jordi. Pero fueron un hombre y su hijo que paseaban por la zona quienes encontraron al pequeño. Inmediatamente se han puesto en contacto con los Bomberos de la Generalitat para notificar su localización en una zona boscosa.Según ha informado el consejero de Interior catalán, Jordi Jané, el niño se encuentra “bien de salud”, aunque tenía un poco de frío. Las temperaturas durante la noche han sido inferiores a los diez grados. Los bomberos, después de hidratarle con unos zumos y protegerlo con una manta térmica, han trasladado al menor al lugar donde se encontraban sus padres, que lo han identificado. Jané, en declaraciones a los periodistas, ha mostrado su satisfacción por el “final feliz” de esta historia y ha destacado que Jordi es un “niño fuerte”.

    Jordi se desorientó

    La pesadilla comenzó en la tarde del jueves, cuando el menor se desorientó y acabó andando más de un kilómetro en dirección contraria a la casa rural. La familia de Jordi, originaria de Sant Feliu de Guíxols (Girona), había llegado hacia las cinco de la tarde a esa casa rural de Can Serrallonga con unos amigos para celebrar la última noche del año. Los padres echaron de menos al niño mientras descargaban el coche.

    Al alertar de su desaparición, se organizó un dispositivo, comandado por los Bomberos de la Generalitat, en el que han trabajado 23 dotaciones terrestres y un helicóptero, a la vez que se han formado una quincena de equipos de entre diez y quince personas cada uno de ellos, coordinados por un bombero.

    Una balsa de agua hizo temer un ahogamiento

    Los equipos se han repartido alrededor de la finca, ubicada en las afueras del pequeño pueblo de Camós, peinándose toda la vegetación. Los submarinistas de los Bomberos también se han sumergido en una balsa de unos 1.600 metros cuadrados de superficie próxima a la casa rural, donde no se encontró ningún rastro del menor.

    Los implicados en el operativo, entre los que también había Mossos d’Esquadra, han buscado en el interior de todas las construcciones de que consta el recinto rural y se han extendido por las pistas forestales que rodean la casa. Por otra parte, han participado en las tareas de búsqueda miembros de la unidad de montaña del Grupo de Actuaciones Especiales, equipos de perros de la unidad de Girona del Grupo Canino de Búsqueda, voluntarios de Protección civil de Banyoles y vecinos y familiares del niño.

  • Los ingresos en efectivo en Andorra cayeron un 90% al perder Pujol el poder

    Los extractos de las cuentas en Andorra desvelados en exclusiva por EL ESPAÑOL reflejan que los ingresos en billetes del clan experimentaron su apogeo con Jordi Pujol Soley al frente de la Generalitat y cayeron hasta un 90% cuando éste perdió el poder.

    Un simple vistazo al gráfico que ilustra esta información certifica que en el periodo comprendido entre 1999 y 2003, los últimos años en los que Pujol gobernó Cataluña, los ingresos en metálico en los depósitos fueron muy cuantiosos. En total, ascendieron a 11,4 millones de euros.

    Pese a estas cifras y sin otra causa externa, los ingresos en las cuentas andorranas se derrumbaron inmediatamente después de que el histórico líder nacionalista abandonase la presidencia de la comunidad autónoma a finales de 2003. De esta forma, durante el periodo comprendido entre 2004 y 2008, ya bajo el gobierno de los dos tripartitos y con CiU fuera del poder, la cifra ingresada en Andorra se redujo a apenas 1,2 millones de euros. En total, durante dos décadas, el clan metió en billetes en sus cuentas andorranas 30 millones de euros.

    El mejor año de ingresos

    Esta operativa, que se instrumentaba siempre a través de Jordi Pujol Ferrusola, que era la persona que por orden de su padre ingresaba personalmente el dinero en el Andbank y en la Banca Privada de Andorra, alcanzó su cénit en el año 2000. Entonces, el primogénito llegó a inyectar en efectivo casi cuatro millones de euros.

    En el gráfico, en medio del gran caída de los años del tripartito, aparece un extraño repunte. En 2009, de nuevo Jordi Pujol Jr., ingresó 2,1 millones de euros en tres aportaciones en una de sus cuentas. Una cantidad que se podía equiparar con las que manejaba mientras su padre era presidente.

    Sin embargo, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) ya ha documentado que esa operación encuentra su explicación en un presunto caso de blanqueo de capitales. Así, la Policía ha constatado que el primogénito ingresó la mayor parte de los fondos para, el mismo día, transferirlos a su sociedad pantalla ubicada en Londres, Brandtridge, con la que se instrumentan los grandes negocios internacionales de la familia.

    El juez imputa al expresidente Pujol

    Ante el alud de pruebas que acreditan su relación con el dinero oculto en Andorra, el juez José de la Mata ha imputado por blanqueo tanto al expresidente Pujol como a su mujer, Marta Ferrusola. Ambos han sido citados a declarar el próximo 10 de febrero.

    Tal y como publicó este diario, la comisión rogatoria remitida por Andorra coloca al matrimonio en el foco de las pesquisas. El pasado mes de octubre, EL ESPAÑOL reveló que un documento manuscrito del propio expresidente catalán le destapaba como verdadero titular de una de las cuentas opacas, en concreto la numerada con el código 63810. Además, el Andbank andorrano ha entregado a la Audiencia Nacional un segundo documento, mecanografiado y firmado por el primogénito de la familia, donde el Jordi Jr. reconoce que los fondos ocultos allí son en realidad de su padre.

    El auto de imputación, dictado este miércoles por De la Mata, refleja que Jordi Pujol Soley “es titular real de los fondos existentes en la cuenta 63810, que fueron ingresados en efectivo y de los que dispuso hasta finales de 2010, con intención de ocultación, utilizando a personas interpuestas y ocultando también su origen”. A juicio del magistrado, el sueldo de Pujol tras 23 años al frente de la Generalitat de Cataluña, no es suficiente como para justificar los “ingresos extraordinarios” que se recogen en la cuenta, con un saldo máximo de 2,1 millones de euros. Dos meses antes de su cierre, alguien sacó 1,1 millones de euros en efectivo de esa cuenta. Ese mismo día, Jordi Jr. ingresó una cantidad similar en otro depósito abierto en el PBA andorrano.  

    En el caso de su mujer, tal y como reveló EL ESPAÑOL el pasado domingo, Marta Ferrusola es titular de otra de las cuentas investigadas -con el código 62121- y de la que la Audiencia Nacional desconoce todavía sus movimientos.

    Causa acumulada

    El expresidente Pujol y su mujer han sido imputados en el procedimiento que desde 2013 investiga los negocios del hijo mayor del clan en medio mundo. Además, la Audiencia Nacional confirmó este miércoles que se hará cargo también de la causa que desde el Juzgado de Instrucción número 31 de Barcelona investigaba el resto de las cuentas bancarias abiertas por la familia en Andorra. 

    En su auto de este miércoles, De la Mata confirma de forma velada la tesis de la Policía Nacional, adelantada también por este diario y que considera a la familia Pujol como una organización criminal.

    En opinión del juez, “es importante destacar los vínculos existentes entre los miembros de la familia Pujol Ferrusola más allá de los familiares, sus pautas comunes de actuación, la coordinación de las actividades, la asignación de roles, la distribución o reparto de cantidades multimillonarias entre todos en función de los ingresos que recibían en las cuentas bancarias ocultas y en particular el sistema de rendición de cuentas existente para controlar esos repartos de fondos, revelan la existencia de un patrón de comportamiento reiterado durante años por los miembros de la familia que apuntan elementos básicos de una organización, cuyos perfiles están aún bajo investigación y pendientes de calificar”.

  • Business needs to embrace sustainability targets
  • 2016
    Want to feel old? Wait.
  • Feliz 2016: las obras de Valle-Inclán y Lorca pasarán al dominio público este año

    Valle-Inclan-dominio-publico-proximo-ani

    Probablemente hayas escuchado alguna vez como respuesta a la pregunta de cuánto duran estos derechos de propiedad tan especiales la ya clásica coletilla de “70 años tras la muerte del autor”, computándose desde el día 1 de enero del año siguiente al del fallecimiento. Sin embargo, la respuesta no debería ser tan categórica.

    Nuestra actual Ley de Propiedad Intelectual es fruto de numerosas directivas europeas que han armonizado en toda la Unión determinados aspectos de este asunto, como los derechos otorgados a los autores, las obras y prestaciones objeto de protección y la duración de sus derechos.

    Precisamente, esta es una de las principales particularidades de los derechos de propiedad intelectual: mientras que quien adquiere la propiedad de una casa lo hace sin límite temporal, quien crea una canción, un libro o un cuadro únicamente podrá explotarla en exclusiva durante un limitado periodo de tiempo. Una vez pase dicho plazo, la obra pasará al dominio público, pudiendo ser utilizada por cualquiera, debiendo respetar únicamente los derechos morales.

    Sin embargo, existe la errónea percepción de que ese plazo de protección exclusivo a favor del autor es siempre “70 años tras la muerte del autor”, porque así lo dice el artículo 26 de la Ley de Propiedad Intelectual. La propia Wikipedia expone esta cuestión de forma errónea en su entrada sobre el dominio público, al afirmar que “en España, por ejemplo, 70 años después de la muerte del autor sus obras pasan al dominio público”, citando incluso un documento disponible en la página web del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España que también es impreciso.

    Pero las leyes, como el buen chocolate, hay que disfrutarlas hasta el final. Si vamos a las últimas disposiciones de la Ley de Propiedad Intelectual, vemos que hay una serie de normas que regulan qué ocurre con las obras creadas al albor de la antigua ley de 1879, es decir, antes de la aprobación de la de 1987.

    Como resultado de este enjambre jurídico, para saber cuándo cae una obra en el dominio público hay que conocer quién fue el autor, en qué régimen fue creada la obra (si es colectiva o en colaboración, según se define en la Ley), cuándo murió su creador, su nacionalidad e incluso las leyes de su país de origen.

    Hay algunas controversias más. Por ejemplo, en relación a la fecha de fallecimiento del autor, también a diferencia de lo que la mayoría de la gente piensa, los plazos de protección no sólo no se han ampliado en España, sino que, al contrario, se han recortado. En nuestro país, hasta la aprobación de la reciente Ley de Propiedad Intelectual, el plazo de protección general para los autores era de toda su vida y 80 años tras su muerte. Para no perjudicarles, la nueva ley estableció que todos los autores españoles fallecidos antes del 7 de diciembre de 1987 seguirían disfrutando de dicho plazo, y que la nueva fórmula (70 años tras su muerte) se aplicaría para aquellos fallecidos a partir de tal fecha.

    La consecuencia es que aún hoy debemos mirar a la vetusta ley de 1879 para hacer las cuentas, y que este año irán cayendo al dominio público obras de autores fallecidos en 1936, y no en 1945 como se podría pensar (antes el cómputo empezaba a contar desde la fecha de fallecimiento; tras 1987, desde el 1 de enero siguiente, para facilitar un poco las cosas).

    Así, existe un repositorio de miles de obras que son de libre uso por parte de cualquiera, pudiendo reproducirse, distribuirse, transmitirse o transformarse sin tener que pedir permiso o pagar a nadie. Este año entrarán a formar parte de esta ya enorme lista autores de la talla de Ramón María del Valle-Inclán, muerto el 5 de enero de 1936, o Federico García-Lorca, fusilado a altas horas de la madrugada del 18 de agosto del mismo año.

    El dominio público, desgraciadamente, está infrautilizado, ya sea por este complejo sistema o porque los ciudadanos únicamente tenemos interés por las obras más modernas. Sea como fuere, ahí tenemos todas esas obras para cuando no podemos explotar otras cuyo plazo de protección sigue vivo.

    ————–

    Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de Andrea Puggioni y Wikimedia Commons

  • Spying on Congress and Israel: NSA Cheerleaders Discover Value of Privacy Only When Their Own Is Violated

    The Wall Street Journal reported yesterday that the NSA under President Obama targeted Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu and his top aides for surveillance. In the process, the agency ended up eavesdropping on “the contents of some of their private conversations with U.S. lawmakers and American-Jewish groups” about how to sabotage the Iran Deal. All sorts of people who spent many years cheering for and defending the NSA and its programs of mass surveillance are suddenly indignant now that they know the eavesdropping included them and their American and Israeli friends rather than just ordinary people.

    The long-time GOP chairman of the House Intelligence Committee and unyielding NSA defender Pete Hoekstra last night was truly indignant to learn of this surveillance:

    WSJ report that NSA spied on Congress and Israel communications very disturbing. Actually outrageous. Maybe unprecedented abuse of power.

    — Pete Hoekstra (@petehoekstra) December 30, 2015

    NSA and Obama officials need to be investigated and prosecuted if any truth to WSJ reports. NSA loses all credibility. Scary.

    — Pete Hoekstra (@petehoekstra) December 30, 2015

    In January 2014, I debated Rep. Hoekstra about NSA spying and he could not have been more mocking and dismissive of the privacy concerns I was invoking. “Spying is a matter of fact,” he scoffed. As Andrew Krietz, the journalist who covered that debate, reported, Hoekstra “laughs at foreign governments who are shocked they’ve been spied on because they, too, gather information” — referring to anger from German and Brazilian leaders. As TechDirt noted, “Hoekstra attacked a bill called the RESTORE Act, that would have granted a tiny bit more oversight over situations where (you guessed it) the NSA was collecting information on Americans.”

    But all that, of course, was before Hoekstra knew that he and his Israeli friends were swept up in the spying of which he was so fond. Now that he knows that it is his privacy and those of his comrades that has been invaded, he is no longer cavalier about it. In fact, he’s so furious that this long-time NSA cheerleader is actually calling for the criminal prosecution of the NSA and Obama officials for the crime of spying on him and his friends.

    This pattern — whereby political officials who are vehement supporters of the Surveillance State transform overnight into crusading privacy advocates once they learn that they themselves have been spied on — is one that has repeated itself over and over. It has been seen many times as part of the Snowden revelations, but also well before that.

    In 2005, the New York Times revealed that the Bush administration ordered the NSA to spy on the telephone calls of Americans without the warrants required by law, and the paper ultimately won the Pulitzer Prize for doing so. The politician who did more than anyone to suffocate that scandal and ensure there were no consequences was then-Congresswoman Jane Harman, the ranking Democratic member on the House Intelligence Committee.

    Jane Harman

    Former Congresswoman Jane Harman, D-Calif., in 2010.

    Photo: Lauren Victoria Burke/AP

    In the wake of that NSA scandal, Harman went on every TV show she could find and categorically defended Bush’s warrantless NSA program as “both legal and necessary,” as well as “essential to U.S. national security.” Worse, she railed against the “despicable” whistleblower (Thomas Tamm) who disclosed this crime and even suggested that the newspaper that reported it should have been criminally investigated (but not, of course, the lawbreaking government officials who ordered the spying). Because she was the leading House Democrat on the issue of the NSA, her steadfast support for the Bush/Cheney secret warrantless surveillance program and the NSA generally created the impression that support for this program was bipartisan.

    But in 2009 — a mere four years later — Jane Harman did a 180-degree reversal. That’s because it was revealed that her own private conversations had been eavesdropped on by the NSA. Specifically, CQ’s Jeff Stein reported that an NSA wiretap caught Harman “telling a suspected Israeli agent that she would lobby the Justice Department to reduce espionage charges against two officials of American Israeli Public Affairs Committee (AIPAC) in exchange for the agent’s agreement to lobby Nancy Pelosi to name Harman chair of the House Intelligence Committee.” Harman vehemently denied that she sought this quid pro quo, but she was so furious that she herself had been eavesdropped on by the NSA (rather than just ordinary citizens) that — just like Pete Hoekstra did yesterday — she transformed overnight into an aggressive and eloquent defender of privacy rights, and demanded investigations of the spying agency that for so long she had defended:

     I call it an abuse of power in the letter I wrote [Attorney General Eric Holder] this morning. … I’m just very disappointed that my country — I’m an American citizen just like you are — could have permitted what I think is a gross abuse of power in recent years. I’m one member of Congress who may be caught up in it, and I have a bully pulpit and I can fight back. I’m thinking about others who have no bully pulpit, who may not be aware, as I was not, that someone is listening in on their conversations, and they’re innocent Americans.

    The stalwart defender of NSA spying learned that her own conversations had been monitored and she instantly began sounding like an ACLU lawyer, or Edward Snowden. Isn’t that amazing?

    The same thing happened when Dianne Feinstein — one of the few members of Congress who could compete with Hoekstra and Harman for the title of Most Subservient Defender of the Intelligence Community (“I can honestly say I don’t know a bigger booster of the CIA than Senator Feinstein,” said her colleague Sen. Martin Heinrich) — learned in 2014 that she and her torture-investigating Senate Committee had been spied on by the CIA. Feinstein — who, until then, had never met an NSA mass surveillance program she didn’t adore — was utterly filled with rage over this discovery, arguing that “the CIA’s search of the staff’s computers might well have violated … the Fourth Amendment.” The Fourth Amendment! She further pronounced that she had “grave concerns” that the CIA snooping may also have “violated the separation of powers principles embodied in the United States Constitution.”

    During the Snowden reporting, it was common to see foreign governments react with indifference — until they learned that they themselves, rather than just their unnotable subjects, were subject to spying. The first reports we did in both Germany and Brazil were about mass surveillance aimed at hundreds of millions of innocent people in those countries’ populations, and both the Merkel and Rousseff governments reacted with the most cursory, vacant objections: It was obvious they really couldn’t have cared less. But when both leaders discovered that they had been personally targeted, that was when real outrage poured forth, and serious damage to diplomatic relations with the U.S. was inflicted.

    So now, with yesterday’s WSJ report, we witness the tawdry spectacle of large numbers of people who for years were fine with, responsible for, and even giddy about NSA mass surveillance suddenly objecting. Now they’ve learned that they themselves, or the officials of the foreign country they most love, have been caught up in this surveillance dragnet, and they can hardly contain their indignation. Overnight, privacy is of the highest value because now it’s their privacy, rather than just yours, that is invaded.

    What happened to all the dismissive lectures about how if you’ve done nothing wrong, then you have nothing to hide? Is that still applicable? Or is it that these members of the U.S. Congress who conspired with Netanyahu and AIPAC over how to sabotage the U.S. government’s Iran Deal feel they did do something wrong and are angry about having been monitored for that reason?

    I’ve always argued that on the spectrum of spying stories, revelations about targeting foreign leaders is the least important, since that is the most justifiable type of espionage. Whether the U.S. should be surveilling the private conversations of officials of allied democracies is certainly worth debating, but, as I argued in my 2014 book, those “revelations … are less significant than the agency’s warrantless mass surveillance of whole populations” since “countries have spied on heads of state for centuries, including allies.”

    But here, the NSA did not merely listen to the conversations of Netanyahu and his top aides, but also members of the U.S. Congress as they spoke with him. And not for the first time: “In one previously undisclosed episode, the NSA tried to wiretap a member of Congress without a warrant,” the New York Times reported in 2009.

    The NSA justifies such warrantless eavesdropping on Americans as “incidental collection.” That is the term used when it spies on the conversations about American citizens without warrants, but claims those Americans weren’t “targeted,” but rather just so happened to be speaking to one of the agency’s foreign targets (warrants are needed only to target U.S. persons, not foreign nationals outside of the U.S.).

    This claim of “incidental collection” has always been deceitful, designed to mask the fact that the NSA does indeed frequently spy on the conversations of American citizens without warrants of any kind. Indeed, as I detailed here, the 2008 FISA law enacted by Congress had as one of its principal, explicit purposes allowing the NSA to eavesdrop on Americans’ conversations without warrants of any kind. “The principal purpose of the 2008 law was to make it possible for the government to collect Americans’ international communications — and to collect those communications without reference to whether any party to those communications was doing anything illegal,” the ACLU’s Jameel Jaffer said.  “And a lot of the government’s advocacy is meant to obscure this fact, but it’s a crucial one: The government doesn’t need to ‘target’ Americans in order to collect huge volumes of their communications.”

    Whatever one’s views on that might be — i.e., even if you’re someone who is convinced that there’s nothing wrong with the NSA eavesdropping on the private communications even of American citizens, even members of Congress, without warrants — this sudden, self-interested embrace of the value of privacy should be revolting indeed. Warrantless eavesdropping on people who have done nothing wrong — the largest system of suspicionless mass surveillance ever created — is inherently abusive and unjustified, and one shouldn’t need a report that this was done to the Benjamin Netanyahus and Pete Hoekstras of the world to realize that.

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  • No ha votado España

    Puede parecer un puntillismo, pero creo que esta es la reflexión necesaria para adoptar una conducta democráticamente productiva ante el complicado futuro que nos espera: ni España, ni la sociedad, ni el pueblo, ni ningún otro ente colectivo ha votado o ha hablado el pasado día 20. Por mucho que sea la metáfora favorita de los comunicadores de opinión, tal idea es una falacia. Quienes han hablado han sido los ciudadanos individuales. Unos cuantos millones de personas.

    ¿Y no es lo mismo? Pues no, es sustancialmente diverso en sus consecuencias simbólicas. Y la política es una práctica altamente simbólica. Decir que ha hablado el pueblo, o la sociedad, o el país, además de introducir a entes metafísicos, permite atribuirles un mensaje colectivo único. Por ejemplo, que la sociedad quiere el cambio, quiere la nueva política, quiere la revolución, o quiere la tranquilidad. Y, sobre todo, permite al intérprete de turno señorear el mensaje y convertirse en el intérprete privilegiado de esa voz que ha oído. España ha hablado y exige una regeneración profunda, un cambio radical, una nueva Constitución, lo que sea.

    Por el contrario, si atendemos a la realidad y olvidamos la metafísica, tendremos que decir algo tan prosaico como que… los ciudadanos han hablado y dicho algo que es profundamente diverso y divergente: un porcentaje quiere que le represente un partido, otra parte otro, y así sucesivamente. No han dicho colectivamente nada porque no son un ser colectivo, sino una pluralidad de individuos. Y la pluralidad es forzosamente dispersa, diversa y antagónica entre sí. Eso es la democracia real, construir algo con una opinión cacofónica, porque el pueblo o la sociedad no existen como entes o lugares políticamente reales, son solo la imagen de un lugar vacío, como Claude Lefort explicaba.

    Aceptar esta humilde verdad, la de que nadie puede presumir de haber oído voces del más allá o del más acá, pone a los representantes de los ciudadanos en su verdadero lugar. Que es el de representar a una parte de la sociedad, pero aceptando que nunca podrán representar a toda la sociedad y, por tanto, en ningún momento podrán pretender legitimarse en la voluntad del pueblo con exclusividad. El pueblo no existe, existen los ciudadanos.

    La política española fue durante mucho tiempo el territorio de la exclusión, como el profesor Varela Ortega ha historiado. Y la principal arma para excluir de la escena pública a una parte de la sociedad fue, precisamente, la invocación del todo social (metafísico, ideológico u orgánico) y sus mensajes radicales. Nosotros —se ha dicho una y otra vez— representamos a la España eterna, o al país verdadero, o a la República, o a la nueva política, o a la sociedad sana. Y, por tanto, no hay lugar para ustedes en política, salvo el del sometimiento o la conversión.

    La transición de 1978 no fue sino el decidido abandono por la política del arma de la exclusión, nada más y nada menos

    La Transición de 1978 no fue sino el decidido abandono por la política del arma de la exclusión, nada más y nada menos. Un abandono que, visto lo visto en los dos últimos decenios, amenaza con haber sido solo transitorio, puesto que con la llegada del siglo resucitaron los intentos de excluir del campo político a la derecha, aunque ello no se verificase a golpes como en el pasado hizo parte de esta con la izquierda, sino usando del anatema moral. Pero la democracia, para funcionar como sistema de sucesión gubernamental, debe ser razonablemente amoral.

    Por ello sería especialmente importante que, en el nuevo escenario político que la pluralidad de la sociedad ha provocado, ninguno de los actores caiga en la tentación de asignarse la representación de la sociedad completa alegando que solo ellos han oído el mensaje o que solo ellos representan a la parte sana de España, o que ven y sienten en exclusiva el futuro, y que por eso son los que saben también en exclusiva lo que todos necesitamos. Y que lo saben con intransigencia. Que acepten algo tan prosaico y decepcionante como representar números. Que son, oh maravilla, más combinables que los mensajes de ultratumba. La paradoja de la democracia en el acto del sufragio es que, precisamente cuando la soberanía popular se manifiesta, el ciudadano es extraído de todas sus determinaciones sociales para ser convertido en una unidad contable. Mis electores son tantos, los tuyos cuantos, ninguno vale moralmente más que otro, sus opiniones son distintas, no existe un vórtice desde el que predicar altanero que se ha divisado el nuevo mundo. Saber manejar la decepción, eso es lo que precisamos. Y pedimos.

    José María Ruiz Soroa es abogado.

  • Defensa de la CUP de un desafecto

    El romanticismo democrático los llama padres de la patria. Son ellos los que tuvieron las ocurrencias legislativas en las leyes seminales de que había que conceder plazos de tiempo para que los señores y señoras electos de un parlamento dizque representativo de la población llegaran a acuerdos para investir gobiernos.

    Es decir, parece que existía tradición y madurez legal suficiente para que, cuando no era necesario, pudiera ser necesario prever qué sucede cuando la gente no se pone de acuerdo: rasgarse las vestiduras sobre presuntas ingobernabilidades no tiene sentido. Está previsto así. Dicho de modo contundente: que puedan agotarse los plazos son parte del sistema.

    La segunda peculiaridad del escenario es que el entorno – no los partidos rivales – se ha quejado de modo sempiterno de la falta de transparencia y democracia interna de los partidos y de la nula vinculación entre los cargos electos de un partido y las bases de su propio partido. Así que aquí tienen a un partido – o lo que sea – consultando a sus partícipes lo que tienen que votar, esencialmente porque ¡están queriendo mantener una promesa electoral y que no era otra que no votar al candidato que les proponen los mayoritarios!

    Tanta coherencia puede conmigo. Ya es mala suerte que con semejante agenda política servidor no pueda aliviarse votando a gente coherente.

    Mientras, no sucede realmente nada. Los funcionarios van cada día a su puesto de trabajo. Las ventanillas se abren y las calles se barren bien o mal. Con un poco de suerte la sociedad civil va por su lado y se olvida de que la administración pública se dedique a opinar de su vida y de que es realmente posible hacer cosas sin que el llamado gobierno sea algo a lo que hay que pedir permiso. No deja de ser delicioso un momento en el que los políticos están legislativamente atados para no hacer. Lo mismo el experimento cala en la conciencia colectiva: no hacen tanta falta.

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  • Caridad Marxiana
  • Conquistar la conversación

    comedor kibutz

    Los que están excluidos del trabajo están exiliados de la sociedad. Su vida es la anomalía de una cesura omnipresente entre cada uno y la construcción del bienestar de aquellos con los que vive, entre cada uno y una Naturaleza que solo cobra significado cuando la transformamos. Su capacidad para comprender se ve filtrada por la losa del aislamiento, por la atomización y la dependencia de su único rol económico: «consumidor».

    Cuando una sociedad, sea por una crisis, por una guerra o por los desvaríos de un estado disfuncional, destierra del trabajo a una buena parte de su población, esa comprensión cercenada convierte la impotencia en espíritu de época. Un gran grito autoexculpador recorre todas las expresiones públicas. La condena del «mal», de la exclusión siempre viene con trampa: la irresponsabilidad del excluido va pareja a la construcción de un «otro», de un ser colectivo culpable que en realidad también queda exculpado en lo genérico de su categoría. Si una categoría es la culpable o la beneficiaria de la exclusión social y X pertenece a ella, queda desacreditado no por lo que haya hecho, sino por el hecho de ser parte de la comunidad imaginada identificada con el mal. Será colectivamente culpado e individualmente exculpado a la vez. Pero da igual, será condenado individualmente por su asociación a un colectivo. A cuál dependerá solamente de quien consiga convertir el pantano moral en sustento político en cada momento: el nuevo malvado será unas veces el miembro de un «1%» neoliberal y conspirador, otras veces el emigrante, otras el «de fuera», o el nativo de la región o el país vecino… Nunca faltan imaginaciones y no cambian poco: los pantanos siempre están en marejada.

    Pero inventar el enemigo, sea el 1% o «los de fuera», supone inventar también un «nosotros» que pueda ser imaginado por cada desterrado como una proyección de si mismo. Y en esa invención gana el que consiga representar como víctimas homogéneas a la mayor cantidad de gente. El primer lugar donde debe conseguirlo es en la comunicación pública. La deliberación se convierte así en un recolección de adhesiones, la política en un mero juntar apoyos y medir fuerzas.

    Ahí es cuando el miedo aparece en todo su poderío. Nadie puede permitirse no contemporizar con el consenso emergente. Nadie quiere ser excluido de entre los excluidos. La conversación se retrae hasta la adhesión. Es entonces cuando el temor al disenso mata la deliberación en cada espacio, por abierto que esté y se certifica la muerte de la conversación.

    A este proceso suele llamársele «el auge de los populismos», la «vuelta de los nacionalismos» o incluso pompósamente, se les calificas como movimientos por «democracias» con distintos apellidos: nacionales, populares, de masas… En realidad se trata del proceso de conversión de una sociedad abierta en una sociedad totalitaria, que unas veces desembocará en un estado totalitario y otras no, pero que en cualquier caso representa el inverso oscuro y antagónico de esa espiral democrática deliberativa que proponía Dewey.

    No queda otra en un escenario así que conquistar la conversación. Y eso está muy lejos de encengarse en las batallas de hooligans en las que los navegantes del pantanos, incubados en los libros de caras, intentan convertir todo espacio comunitario, desde la cena de Nochebuena a los blogs.

    No se trata de negar la ideología de nadie sino de dejar el debate político en terreno que le corresponde -la definición y gestión del estado- sin permitir que asfixie el intercambio ni divida a nuestras comunidades de afectos y trabajo. Es estupendo que nuestros conocidos o familiares tengan ideales políticos, la trampa totalitaria que el espíritu de época da por buena, se produce cuando la exaltación de esos ideales sirve de exculpación para evitar su realización personal. Se trata de devolver la conversación al qué hacemos aquí y ahora, en lo concreto, uniéndonos con otros.

    Conquistar la conversación significa devolvérsela a la comunidad y a las personas replanteándola en el hacer de cada uno. Este hacer personal y comunitario implica una ruptura con la impotencia y la aceptación de la responsabilidad personal como punto de partida de toda conversación verdadera. Reconquistar la conversación es devolverle el valor a la palabra.

    Por eso, hoy la conversación no puede renacer si no es como una expresión y una herramienta de la conquista del trabajo. Tal como estamos, es el punto de partida de todo renacimiento de una sociedad abierta y una ética de la responsabilidad.

  • Conquistar el aprendizaje

    estudiantes clase aprendizaje
    Un viejo eslógan situacionista decía que «el sistema de enseñanza es la enseñanza del sistema». El mensaje debía sublevar a los jóvenes de finales de los sesenta y principios de los setenta que querían cambiar «el sistema», pero en realidad tenía también una lectura positiva y optimista implícita: el sistema socioeconómico evoluciona, así que la enseñanza evolucionará con él. Lo malo del momento histórico actual es que aunque exista desarrollo, la tendencia dominante no es ya la evolución y el progreso más o menos gradual de la organización social, sino su descomposición.

    A día de hoy, el sistema de enseñanza superior evoluciona hacia el empoderamiento en falso y está convirtiéndose en un aparato disfuncional, en una fábrica social de frustraciones. El sistema educativo es un ejemplo de libro de como las instituciones creadas sobre una relación orgánica -el aprendizaje- pueden llegar a ahogarlas cuando la evolución de las instituciones se divorcia de las tendencias transformadoras de la sociedad.

    Las tendencias del progreso apuntan una nueva forma de producir y trabajar con menores escalas y alcance multiplicado. Estos cambios demandan pluriespecialismo y por tanto una aproximación al aprendizaje que supere divisiones y que no olvide que en el mercado, como en la vida, al final solo se construye generando significados, no escasez artificialmente. Es decir, las alternativas económicas y tecnológicas emergentes demandan una nueva relación con el conocimiento donde lo instrumental, lo científico y el conocimiento social se integren y refuercen. Y sin embargo, a lo que asistimos es a la captura del sistema educativo por unas macroempresas sobre-escaladas que solo lo ven como una forma de externalizar los costes del adiestramiento laboral. Y si algo es capaz de ahogar el aprendizaje es el adiestramiento, la esencia de las relaciones mecánicas.

    Paradójicamente las alternativas que surgen, como el movimiento de nuevas universidades populares creado por Michel Onfray, «tiran el agua sucia con el niño dentro»: temerosos de la captura corporativa, eliminan completamente la relación profesor-alumno y limitan sus actividades a un puro «broadcasting». Son, en el mejor de los casos, un soporte útil al autodidactismo, pero a las finales una versión low-tech de los MOOCs.

    La verdad es que bastaría escuchar las demandas educativas de las generaciones más jóvenes que abrumadoramente quieren «algo práctico», es decir, quieren una relación con el conocimiento que les permita conquistar el trabajo.

    Llevan toda la razón. La pedagogía necesaria hoy es explicar que el trabajo no se conquista siendo adiestrado según la conveniencia cambiante y precaria de las macrocorporaciones, sino ganando autonomía en el mercado por uno mismo y con su comunidad. Y eso significa dotarse de marcos y contextos que van más allá de lo instrumental, que tienen que ver con la Ciencia y los estudios históricos y sociales, con la reflexión ética y con las formas de relatar y representar el mundo. Hoy, más que nunca, lo instrumental no es lo más práctico. Lo más práctico es el conocimento promiscuo que permite entender el significado de lo que da forma a nuestro mundo y, de una vez, «dejar de estudiar y comenzar a aprender».

    Conquistar el aprendizaje es una demanda básica de la conquista del trabajo y solo desde ella puede generar verdadero significado para los millones de personas exiliadas a través del desempleo de la sociedad en la que viven.

  • Conquistar la cultura

    ramat yohanan kibutz fiesta cosecha
    Si entendiéramos la cultura solo como la expresión social de la relación con la Naturaleza, la historia de la cultura se reduciría al análisis del impacto sociotecnológico del desarrollo económico. Sería un relato de la adaptación a los distintas formas y niveles de escasez en distintos lugares y épocas. Y en buena parte lo es, pero lo que se pone en valor de la cultura no es su dinamismo -la tendencia a cambiar cada vez que aparece una nueva tecnología o una nueva forma de conocimiento- sino su inercia. No en vano, el concepto mismo de cultura es una invención del nacionalismo y tiende tanto a crear como a homogeneizar un supuesto «ser nacional» a través de la normalización de determinadas prácticas cotidianas.

    Por supuesto no todo es invención en la cultura, pero lo que gustó a sus primeros teóricos, como Herder fue precisamente la inercia histórica, muchas veces disfuncional que manifiesta. El aporte de la elaboración de la idea de «cultura nacional» fue centrar el foco en la supervivencia de instituciones -relaciones mecánicas entre personas- más allá de su utilidad práctica para ellas.

    Por ejemplo los distintos recetarios locales suelen expresar bastante bien los óptimos ecológicos de los cultivos y ganaderías de la era preindustrial en una región natural dada. Con aquellas producciones, las dietas campesinas optimizaban calorías y proteínas, representaban un óptimo de uso de los recursos desde el punto de vista de la sostenibilidad social y el volumen poblacional. Para la vida de hoy, esas dietas tienen muchas veces un exceso de grasas animales y se etiquetan como «peligro para la salud». Es más, las producciones asociadas a ellas muchas veces ponen hoy en peligro de desbandada a las comunidades rurales que se especializan en su producción porque no sirven para generar más riqueza y absorber a nuevas generaciones.

    Y hay, por supuesto, una razón más para la inercia: las relaciones de poder dentro de una sociedad tienen a ir a la zaga de sus transformaciones productivas. Las instituciones que regulan en cada sociedad las diferencias de poder, imponen relaciones mecánicas entre las personas cuyas formas concretas acaban, de distintas formas, convirtiéndose en «culturales» y trascendiendo el tiempo y las circunstancias que le dieron razón aunque puedan resultar incluso problemáticas.

    Resumiendo, lo que llamamos cultura tiene dos dimensiones. Una mecánica: acumulación en la costumbre de los efectos de ciertas relaciones de poder, muchas veces muy persistentes (especialmente en el mundo agrario, donde las élites no se renovaron casi en los dos últimos siglos si comparamos con las ciudades y las zonas industriales). Otra orgánica: una forma de nostalgia práctica de los aprendizajes que la relación con la Naturaleza y la tecnología han ido dejando a lo largo del tiempo en un grupo determinado.

    Como en las relaciones humanas, todo lo orgánico es distribuido y casi todo lo mecánico persigue la centralización; por eso lo mecánico, lo centralizado tiende a crear redes descentralizadas. Así que en la cultura no todo genera el mismo significado ni reproduce las mismas relaciones de poder. Siguiendo el ejemplo gastronómico, no es lo mismo el cerdo ibérico o las grandes variedades de vino -mucho más nómadas de lo que nos cuentan- que las operaciones de rescate con dinero estatal de «especies autóctonas» mucho menos productivas y sin mercado para sus productos en nombre de la conservación de la «cultura ancestral» y de una «innovación» productiva mal entendida y asegurada por toneladas de patentes y sellos de origen.

    Las Artes

    Y luego están «las Artes». También tienen trampa. El Renacimiento separó al artesano y al artista. El primero crearía eso que llamamos «cultura material». El segundo, tocado de un «genio creador» propio y característico de una individualidad «única», crearía Arte. El Romanticismo reforzó esta idea dentro de un marco nacionalista, convirtiendo al taller artesano en «cultura popular» y al taller del pintor en «alta cultura». Como lo popular y lo «natural» estaban en el mismo nivel «inconsciente» pero «esencial», el artista -émulo de la divinidad creadora de la Humanidad y la Naturaleza- extraía sus obras tanto del «espíritu del pueblo» (el «volskgeit») de la cultura popular como de la naturaleza salvaje, elevándolas hacia la autoconciencia nacional. En el relato romántico, la «alta cultura», el Arte y la Literatura, reflejaban, ampliaban y dotaban de significados a la cultura popular. Los «creadores» eran constructores de la nación y su ideal. Dicho a lo bruto: Wagner y Friedrich.

    En realidad, mientras los «artes y oficios» tendían a imbricarse en las relaciones sociales orgánicas, el «Arte» -y sobre todo las artes industriales como el audiovisual- no deja de ser una actividad todavía hoy tremendamente centralizada. Es cierto que a pesar del alto grado de concentración y escala, sigue teniendo una cierta dependencia del mercado. Eso no es ningún drama, al contrario, es lo único que obliga a un sistema puramente mecánico a crear obras valiosas aunque solo sea por la necesidad de abastecer de significados vitales a un público que sigue buscándolos en las novelas, las salas de cine, los festivales de música o las pantallas de ordenador. Pero es cierto que su capacidad solo estalla en los grandes momentos de cambio en los que los grandes monopolios industriales ven erosionada su capacidad centralizadora. Aparece entonces la figura del «creador independiente», del artista provocador y a contracorriente que refleja nuevas ideas y contextos innovando en los medios y la forma de relato. Paradójicamente con casi total seguridad el discurso mediático lo interpretará desde el mito romántico del genio individual, del «revolucionario del Arte» que triunfa a pesar de una supuestamente penosa «mercantilización de la Cultura», cuando en realidad no es sino el pionero en un nuevo mercado. La mala noticia es que ese nuevo mercado será capturado casi inmediatamente por los viejos gigantes de escala que monopolizan los canales de distribución, un terreno donde su hegemonía puede garantizarse generando escasez artificialmente mediante una combinación de sobre-escala, cartelización e influencia en la regulación estatal.

    Conquistar la representación de la realidad creando realidades nuevas

    La industria de la comunicación y la cultura es seguramente la más rentista y la más comprometida en la argumentación y la defensa de las instituciones más disfuncionales y reaccionarias del momento actual como la propiedad intelectual. Es simplemente absurdo, fuera de los pequeños núcleos que todos conocemos, pensar en un renacimiento de la cultura comunitaria por no hablar de una verdadera puesta en valor de la «democratización del Arte» que venga de ahí. Si los medios y sus canales de distribución y comunicación nos traen profetas del cambio, seguramente la desconfianza sea sensata. La emergencia de una cultura empoderadora no vendrá del genio individual ni de una industria que está en el núcleo duro de la recentralización que está destruyendo Internet.

    Conquistar la cultura en tanto que representación social de significados y valores, solo es posible desde la conquista del trabajo y la conversación.

    La conquista de la conversación permite recuperar la lógica de la abundancia de la blogsfera, el primer medio de comunicación distribuido. La conquista del trabajo reduce la distancia entre los primeros canales que reflejan las nuevas formas de producción y los que apuestan por la red distribuida como espacio de difusión y creación de significados.

    Y es que el arte y la cultura del renacimiento comunitario no distinguirán entre artesanos y artistas porque conquistar el trabajo significa entre otras cosas aprender a generar y difundir conscientemente significados.

  • Conquistar un sentido para nuestra propia existencia

    bernor kalter
    No existen dioses. Existen, claro está, metáforas, alegorías inconmovibles que sirven de guía moral a cada cual, porque le permiten imaginar un papel al que aspirar en el Universo o en la sociedad, sea «creyente» o no. Podemos «creer» en la amistad o en el Quijote, en la actualidad moral de las leyendas populares cantábricas o en el mensaje que un día feliz conseguimos entender en el Weowolf o en el «Señor de los Anillos». Pero no nos perdamos: no hay seres sobrenaturales que cuiden de nosotros y nos regalen el descubrimiento de un sentido intrínseco en nuestras vidas a través de revelaciones. No somos nada «por defecto», no estamos destinados ni se nos llama a nada por haber nacido, ningún ser fantástico y poderoso vela por nosotros y nos desea lo mejor. A nadie, salvo a los que nos conocen, le importa si nos sentimos espiritualmente plenos o si en la vida no somos capaces de ver más allá del absurdo de haber nacido en un planeta pequeñajo, lleno de humedades y mugre, que ni siquiera queda cerca del centro.

    mapa copernicanoNo hay trascendencia en el «ser». Ni en el ser individual ni en las esencias de ninguno de los seres colectivos -secularizaciones de la divinidad como la patria, la clase o el género- que podamos imaginar. El ser está vacío. La vida, para tener sentido, para llenarnos, ha de ser habitada, vivida, sentida. Es el hacer y solo nuestro propio hacer, la experiencia humana, tanto genérica como propia, personal, lo que nos da forma. Y de ella extraemos dirección, significado, sentido. Nosotros, ahora y en cada momento, no Dios, ni la Patria, ni la Clase. Cada uno de nosotros enfrentado a convertir su tiempo vital, la vida que tuvo y la que le queda, en algo significativo.

    Es cierto que las religiones -o más recientemente, el nacionalismo- lo ponen más fácil: te dan un guión, un «procedure» supuestamente revelado por una divinidad. Hay quien lo necesita para arrancar. A partir de ahí ese hacer convierte la vida en algo parecido a lo que las rueditas supletorias convierten la experiencia de montar en bici. Es más seguro, en cierta medida es más fácil. Pero en realidad pierdes control, no puedes ceñir tanto en las curvas, no puedes arriesgarte a pasar por lugares estrechos, tienes que tener cuidado con las aceras y desde luego no puedes dejar tirada tu bici sin dañarla. En una palabra, no es montar en bici de verdad. Y todo niño lo sabe. E igual que en cierto momento de nuestra infancia no podemos obviar eso que sabemos y tenemos que quitar las rueditas aunque nos de pereza, a partir de cierto desarrollo del conocimiento, la Filosofía empezó a descreer de las revelaciones divinas e invitó a los humanos a soltar aquellas viejas e innecesarias muletas.

    santiago de cuba nacionalismo patriaLa última mitad del siglo XIX y casi todo el siglo XX vieron a muchas innovaciones producir resultados paradójicos. La heroína comenzó a comercializarse como sustitutivo de la morfina pensando que se trataba de una alternativa prácticamente inocua y no adictiva. Algo no muy diferente pasó una y otra vez tras la Revolución francesa y especialmente a partir de la «primavera de los pueblos» de 1848, con las alternativas seculares a las ansias de cambio y purificación que hasta entonces habían canalizado fundamentalmente las grandes religiones y sus herejías. El nacionalismo primero y las versiones clasistas del socialismo después, invocaron nuevos seres imaginados (la Nación, la clase revolucionaria, ambos juntos) movilizando fabulosas energías sociales. La vida eterna ofrecida por los religiosos se transformó entonces en la patria liberada o la sociedad libre e igualitaria futura. La voluntad divina en destino de las naciones o en las leyes inmutables del desarrollo histórico. Las grandes ideologías de trascendencia dejaron millones de cadáveres tras de si y la enormidad de un genocidio industrialmente planificado por uno de los grandes estados «ilustrados» europeos.

    karl-popperAsí que el siglo XX fue también el siglo en el que la Filosofía superó definitivamente el esencialismo: el antihistoricismo de Popper, el pragmatismo de Dewey, la Psicología individual de Adler, el existencialismo de la posguerra… apuntalaron una visión de la experiencia humana donde la importancia del «ser» desde el que afrontamos la vida era sustituido por la «existencia», el resultado de lo que hacemos con ella.

    Todos ellos, pero también otros anti-esencialistas anteriores y posteriores, como Foucault -y en menor medida Harendt y Sennet– prestaron de distintas maneras una atención especial a la idea de comunidad real que la Sociología había puesto sobre la mesa en contraste con la idea de «sociedad». Si no había esencias sino necesidad de generar un sentido para la vida, no se puede dejar de lado que ese sentido también tiene dimensiones comunitarias y sociales, y que a veces son contradictorias entre si.

    Estos conflictos son ejemplares en una sociedad donde hay millones de personas exiliadas del trabajo que no tienen posibilidad de ser parte de sus comunidades más inmmediatas desde el aporte material. Es un paso más allá de la alienación, es auto-odio, lo que Gordon llamaba «asimilación» es decir, la «destrucción de su propia visión del mundo y la construcción de una visión que le es opuesta».

    jalutzimEsta oposición entre si y el mundo es el resultado de una situación -el divorcio del trabajo- que escinde sus vidas, su práctica cotidiana, del conjunto social. Para ellos la Naturaleza se representa como algo distinto y opuesto a lo humano; la tecnología como algo externo a la vez a la Naturaleza que conoce y transforma y a la comunidad a la que sirve. En realidad Naturaleza y especie, comunidad y entorno. son la misma cosa y entenderlo es una parte fundamental para poder dar, cada cual, sentido a su propia existencia. Pero en su práctica cotidiana la vida es algo separado del trabajo y por tanto del conocimiento transformador del entorno natural y social.

    Esta alienación se manifiesta de forma patética en el auge, incluso electoral, del «animalismo». Incapaces de proyectarse a si mismos desde unas comunidades en las que sienten mascotas que comen en mesa ajena, se identifican con aquellos seres que entienden fuera de las fronteras de la sociedad, los no pares por definición: los animales, objetos no sujetos de la vida social a los que intentan dar una voz ausente. En Psicología eso se llama «proyección».

    Pero esta alienación que es extrema en el animalismo toma una forma aun más peligrosa con las ideologías del «decrecimiento». La idea de base es que la especie humana es dañina y destructora de la Naturaleza, no una misma cosa, no un metabolismo común. El eslabón que une ambas -la transformación del conocimiento acumulado en tecnología, que mediante el trabajo, regenera materialmente la sociedad en cada ciclo y produce nuevo conocimiento- les es completamente ajeno en su experiencia vital. Así que defienden que lo mejor a lo que puede aspirar la especie humana en su relación con el medio es a cercenar su capacidad transformadora. En las versiones originales, más fundamentadas de las teorías del decrecimiento, la conclusión es obvia: el autogenocidio como deseo, el anhelo de la llegada de una catástrofe (energética, medioambiental, etc.) que reduzca la población mundial a una sexta parte como medio para llegar a un «impacto mínimo» en el entorno. Una nueva proyección, terrible cuando la crisis económica muestra cómo el mínimo decrecimiento puede afectar a una población, aun más terrible si pensamos que la inmensa mayoría de la población mundial aspira todavía a algo tan básico como el acceso al agua y a una dieta minimamente diversa.

    Mussolini en el balcón del Palazzo VeneziaEn su forma menos radical, la «asimilación» de los relatos de los exiliados del trabajo, es pura pasividad, delegación de sus capacidades en fuerzas externas más o menos mesiánicas de la política o la religión. La imposibilidad de dotarse de una existencia, de un hacer que literalmente alimente a su entorno, les lleva de vuelta a la sumisión a seres imaginados ajenos, «por encima» de su cotidianidad. Van a la búsqueda de una rebelión que les permita verse por un momento como pares de otros, como seres útiles y regeneradores de una sociedad en la que, a falta de puertas de entrada, ven como obvio tomar por asalto… desde la nada, desde la pura expresividad y la adhesión, porque los medios para transformar la sociedad son a las finales las herramientas con las que se transforma el entorno y están inseparablemente ligadas a su uso: el trabajo. ¿Cómo no van a ser estatalistas? El estado es la institución última, el gran ingenio mecánico que, nutriéndose del trabajo de toda una sociedad, se siente legitimado para darle forma. Además, a diferencia de sus comunidades -en las que no aportan y por tanto no pueden ser pares- el estado les hace iguales mediante el voto. Pasión por el voto -en una versión deformada por la impotencia de la democracia participativa– y estatismo como remedio universal para todo; esta es la fórmula política del exilio. La expresión de un camino cerrado que no puede dar salida, para empezar, a la propia desazón, a la propia pasividad. No será el estado quien les incorpore al trabajo y sus significados.

    año nuevo kibutzLa única alternativa de auto-reapropiación, la única capaz de devolver a cada individuo y a cada comunidad el protagonismo sobre su propia vida es el trabajo, la conquista del trabajo, que es conocimiento puesto a transformar la realidad física y social. El trabajo es reencuentro y reapropiación de la tecnología y sus significados sociales, es lo único que puede colocarnos en una nueva relación con la Naturaleza al tiempo que sirve a cada uno de base para encontrar por si mismo sus propios significados en el hacer. Restaurar la unión con la Naturaleza no es establecer el culto a la Naturaleza, sino el disfrute del trabajo y la pasión por el conocimiento y sus herramientas, esas a las que llamamos «tecnologías».

    La especie humana es una con la Naturaleza, no podría existir sin transformarla continuamente para producir. A la actividad de transformar le llamamos trabajo, al resultado producción. Lo maravilloso es que esa transformación no es unívoca, al transformar la Naturaleza los humanos aprenden, la producción no es solo producción de objetos, de alimentos, es también producción de conocimiento. En primer lugar sobre la propia Naturaleza, pero también sobre si mismos. Transformar transforma. Transforma la organización social a través de los cambios que impulsan las nuevas tecnologías que en cada época convierten en nuevos instrumentos las ganancias de conocimiento. Pero también transforman a cada individuo, lo unen con su comunidad en la elaboración de su superviviencia, pero también con su especie como un todo y con la Naturaleza de la que forma parte. Y esa unión en la transformación es tanto más humana cuanto más conocimiento aplique, cuanto más se fundamente en el aprendizaje acumulado por la especie como un todo, eso que llamamos Ciencia, Filosofía, Humanidades, etc.

    Así que, no nos engañemos, aunque la alienación lo haga sonar extraño, hay más comunión y más profunda entre individuo, comunidad especie y Naturaleza cuando desentrañamos un problema de programación o descubrimos una fórmula farmaceútica que cuando cosechamos una berenjena ecológica.

    campo kibutzPero hagamos el ejemplo aun más claro. Hay más comunión con la Naturaleza si cultivamos un campo de berenjenas con abonos sintéticos y pesticidas que si lo hacemos al modo preindustrial, abonando con estiércol de la propia granja y sin usar pesticidas. En ambos casos produciremos la misma cosa, berenjenas, pero la cosecha producida usando más tecnología incorporará mucho más conocimiento en Química, Ingeniería Agrícola, Botánica, Geología, Ecología, etc. Podríamos contar un buen pedazo de la historia de la humanidad y las ciencias solo a partir de ella. Y éso tiene premio: es más barata porque gracias a ese conocimiento materializado en tecnología, utilizó menos recursos totales para producir la misma cantidad de producto y más personas pudieron comprarlas.

    Habrá quien nos compare un campo artesanal, menos eficiente pero mantenido por un campesino independiente, con una relación personal con la tierra, con un invernadero mucho más tecnologizado de condiciones laborales lamentables cultivado por jornaleros precarios. Ese ejemplo aporta algo importante, pero no sobre el papel del conocimiento, sino sobre el de las relaciones sociales.

    pioneras kibutzLa tecnología no es el único mediador entre el trabajo y la Naturaleza, también lo son las relaciones sociales. Y si son relaciones sociales alienantes, puramente mecánicas, que restan todo sentido al trabajo concreto, toda individualidad y responsabilidad al trabajador, todo sentido comunitario al producto… el significado del trabajo colectivo se verá sin duda eclipsado por la miseria y la escasez del contexto social en el que se produjo. El canal de Panamá fue, a principios del siglo XX, una demostración fabulosa de cuánto había avanzando la especie humana en su capacidad para transformar el entorno, conocer la Naturaleza y generar abundancia. Pero para los miles de trabajadores que murieron en cuasi esclavitud entre enfermedades, miseria, tratos abusivos y jornadas extenuantes, fue solamente infierno y muerte.

    Esa unión entre especie, conocimiento y Naturaleza que está en el trabajo, solo puede llenarnos, solo puede convertirse en consciente y servirnos para aportar sentido a nuestras vidas en un marco de relaciones minimamente igualitarias, donde la responsabilidad y el aporte de cada uno puedan ser entendidas como aporte a la propia comunidad y a su entorno.

    Solo entonces, podremos disfrutar de todo el significado del trabajo, solo entonces podremos vivir lo que significamos en la relación la Naturaleza desde una oficina en el centro de una ciudad, desde un taller o en una fábrica. Solo entonces, podremos dar trascendencia a nuestra vida y verla como lo que es, una oportunidad entre millones de aportar a la gran experiencia humana, una oportunidad única de aportar a las personas que nos conmueven y que forman nuestra red de afectos y aprendizajes.

    Por eso no hay «autoayuda» posible, no hay dioses ni salvadores, solo está el trabajo en el centro de nuestra auto-reapropiación, de la capacidad para dotarnos de una existencia y un sentido. Por eso el trabajo no es una conquista individual ni un regalo de dioses o estados, aunque cada uno tenga que hacerla suya y obtener de esa fuente, la fuente de la vida Natural y social, sus propios significados. El trabajo y su conquista es un hecho comunitario, un hacer juntos, un transformar juntos que a través del conocimiento -científico, social, estético, tecnológico- que lo hace posible y que a su vez genera, nos conecta con la especie y su Historia, con la Naturaleza y su capacidad creadora.

    indianos venidDe los icarianos seguidores de Cabet y las kvutzot inspiradas por Gordon se ha dicho muchas veces que habían convertido el trabajo en una religión. No es así, o desde luego no en el sentido del rito y la creencia irracional. Pero tal vez haya algo de verdad a un nivel más profundo. «Religio», la palabra latina de donde deriva «religión», significa «reunión», «reunificación». El trabajo es desde luego «religio», esa transformación permanente que une nuestra especie a la Naturaleza, pero también a cada uno de nosotros con nuestra comunidad. Al trabajar, al transformar nos transformamos, nos unimos a otros, aprendemos, nos hacemos responsables y esa responsabilidad nos libera del miedo, compartimos y nos convertimos en creadores de abundancia. Trascendemos un «ser» vacío en el que estamos condenados a la soledad y empezamos a habitar una existencia basada en el «hacer» consciente y compartido.

    Por eso la conquista del trabajo es la base desde la que conquistar un significado para nuestra propia vida.

  • La Fundación Jiménez Díaz de Madrid, mejor hospital de España en 2015

    La Fundación Jiménez Díaz de Madrid ha sido elegida como el mejor hospital de España en la primera edición del Índice de Excelencia Hospitalaria (IEH) para 2015, un indicador elaborado por el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada mediante encuestas a casi 2.000 profesionales sanitarios.

    Completan este primer podio el Hospital Universitario de La Paz, también en Madrid (2º), y el Hospital Clínic de Barcelona. Y es que la capital de España se lleva el gato al agua en este ranking, ya que en cuarto lugar también se encuentra el Hospital Quirón de Madrid y en quinto el Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

    En concreto, este indicador mide la excelencia en base a los resultados y percepciones de los profesionales que trabajan en los centros o en su entorno.

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