Lenguajes…

Recogiedo el guante de la tácita provocación y por la rabia que me da “el Arte” como pretensión de abarcarlo todo, como histriónica metomentodo que se inmiscuye en todas las disciplinas reclamando su “cualificado” porcentaje de protagonismo en cualquier ámbito (desde la política hasta “el lenguaje”), contesto, de manera breve, sólo porque no puedo callar.
Del “Arte” (siempre refiriéndome a las plásticas) se habla constantemente en primera persona, mucho, y mucho metafóricamente, por tanto, muchas veces, de más, de forma imprecisa, en el sentido riguroso al que la ciencia acostumbra: “transmite”, “mensaje”, “lenguaje corporal”, “expresar”… todas ellas (y muchas más), cualidades atriuibles al lenguaje. Porque sí que es cierto que el Arte despierta emociones en un “interlocutor”, por lo tanto sirve (o puede servir) de vehículo, de herramienta para la transmisión de emociones o rudimentarias e imprecisas (interpretables) ideas.
Pero hay una cosa evidente, y es que formas de aprehender la realidad hay varias. Tantas como sentidos, por lo tanto hay varias formas de despertar sensaciones, sentimientos y emociones sin necesidad de que se precise un “lenguaje” (entendido como). Por tanto y, aunque lo pretenda, se describa en homología con ellos e, incluso, sea utilizado para “trasmitir”, el “Arte” NO es un lenguaje y sus creativos no utilizan las áreas del lenguaje, como el provocador sugiere.
A excepción de la música que sí se atiene al concepto de lenguaje como “código estructurado”. Todo músico sabe qué suena o que ha de tocar cuando ve una corchea en do. A mí el bote de sopa de tomate Campbell’s me sugiere algo muy distinto, seguro, de lo que quería decir Warhol.
Y para ejemplo, como tantas otras veces, están las lesiones cerebrales. Son múltiples las descripciones de casos de “amusia-afasia” y, mas o menos, se acepta a existencia de una amusia agnósica (resumiendo, en aquellos que no estudiaron música) y una amusia afásica (en los que sí). Sin embargo no existen afasias de la pintura o de la escultura (to our knowledge).
Como es lógico, por las razones anteriores y por la analogía música-idioma, es muy atractivo intelectualmente pensar que la música es un “idioma” universal. Es verdad que la música utiliza los recursos cerebrales de los que dispone el cerebro para la interpretación y producción de lenguaje alfabético. Otros códigos no verbales se sirven de las mismas herramientas aunque sus inputs y outputs lleven distinto camino del lenguaje verbal (como sucede en los sordomudos, que utilizan vista y manos). Lógicamente del descifrado del código que los signos llevan implícito se derivará el entendimiento del “mensaje”. Pero ¿cuál es el código que, valga la redundancia, codifica la música?. Pues “el lenguaje musical” codifica para el tono, ritmo, duración e intensidad de un sonido y NADA MAS. Parece económico, desde el punto de vista de la naturaleza, utilizar aquellas estructuras especializadas en asignar conceptos a unos códigos simbólicos, para cualquier tipo de lenguaje. Así Broca y Wernicke, o zonas muy próximas, sirven igual para el lenguaje de signos que para el braille que para la música (cuando ha sido estudiada como lenguaje). De ahí que la música, mas o menos, siga los caminos del idioma, lo que no quiere decir que tenga capacidad alguna de trasmitir deseos, órdenes e imperativos, mensajes o emociones, de forma explícita.
Aunque sí pueda, de forma rudimentaria, transmitir emociones, NO es un idioma, es un lenguaje. Y la diferencia no es menor, porque volvemos a la omnipotencia de las “Artes” que tiene tanto que ver con el aura intelectual que rodea a sus creadores, por encima de cualquier otro “técnico”. Como si su cerebro fuera más, fuera todo, fuera mejor.
Esto es así para la música, aunque ésta sea un lenguaje, lo mismo que para el resto de las artes. Pueden transmitir y despertar emociones al apelar a los sentidos como estímulos sensoriales que son, pero, por mucho que quieran, no sirven para “comunicarse”.

PD: Sobre la imprecisión del lenguaje como herramienta o, más concretamente, de la manipulabilidad de las ideas a través del lenguaje (verbal, claro), habrá que hablar otro día.